Cosmology and pandemic: What we can learn from the responses of indigenous peoples to the current civilizational crisis

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Cosmovisión y pandemia: Qué podemos aprender de las respuestas de los pueblos indígenas a la actual crisis civilizatoria

por Tracy L. Barnett y Hernán Vilchez

Scroll down for English translation

Grabado por Hernán Vilchez

Cuando “Mama” Adriana Velasco, una joven médica tradicional de la comunidad indígena Misak de los Andes colombianos, imagina el nuevo coronavirus en sus sueños, ve un ser triste pero aterrador. A veces es un viejo, cansado y ansioso, con la cara cubierta de quistes con pus. En ocasiones está enojado; ya ha tenido suficiente de que los humanos le falten el respeto a la vida. Es la naturaleza la que se defiende, dice, y ha venido a restablecer el equilibrio en el planeta.

“Si a ustedes no les interesa la vida, tampoco al Covid le interesa la humanidad”.

“Yo lo he sentido y visto más que todo como un ser espiritual que ha acumulado toda esa negatividad que los seres humanos hemos arrojado, así como cuando uno siempre está echándole al río los desechos”, cuenta Mama Adriana, como la conocen en su comunidad. “Está ofendido, viene bravo en defensa de la espiritualidad y de la consciencia colectiva, pero también quiere transmitirnos esta idea: Si a ustedes no les interesa la vida, tampoco al Covid le interesa la humanidad”.

La perspectiva de Mama Adriana de la pandemia como una respuesta al maltrato humano del medio ambiente, es ampliamente compartida entre los pueblos indígenas de América Latina. Para los Arhuaco de la Sierra Nevada de Colombia, es una alerta para despertar a nuestra sociedad moderna, y será la primera de cuatro enfermedades, si no cambiamos de rumbo rápida y dramáticamente. Para los Kamëntšá de la región de Putumayo en el piedemonte amazónico,, la propia Madre Tierra se ha enfermado por tanta destrucción.

Si bien algunos pueden considerar extravagantes o exageradas las interpretaciones indígenas de los eventos, el estudio de enfermedades zoonóticas (transmitidas de animales a personas, como el nuevo coronavirus, el ébola, y la gripe porcina), indica que tienen la razón: el aumento de este tipo de infecciones está íntimamente relacionado con la forma en que la humanidad trata a la naturaleza.

Algo hemos aprendido sobre esto durante casi dos años de investigación para la serie transmedia “Cosmovisión y pandemia”. En ausencia de una intervención o apoyo gubernamental significativo, los pueblos originarios del continente han enfrentado la pandemia con ingenio, creatividad y profunda conciencia espiritual. Han respondido con un espectro de enfoques tan variado como la propia diversidad cultural de dichas comunidades.  

A pesar de las grandes dificultades y la pérdida de vidas que estas antiguas sociedades han sufrido, todos los relatos recogidos coinciden en que algo positivo emergió de la pandemia, al menos en los pueblos que hemos entrevistado en seis países de Sudamérica. Muchos han visto un resurgimiento de los conocimientos y formas de vida tradicionales en varios aspectos. Principalmente, ha inspirado un regreso a la medicina tradicional, que ha salvado vidas, reducido sufrimientos indecibles, evitado que los hospitales colapsen y reforzado una mayor confianza en las formas y tradiciones de sus ancestros. Al mismo tiempo, ha inspirado un retorno a la agricultura tradicional y un impulso a las economías locales.  

Vistas desde la perspectiva de las tres dimensiones del Gran Cambio, las respuestas indígenas a la pandemia de Covid, adquieren un profundo significado.

Vistas desde la perspectiva de las tres dimensiones del Gran Cambio, las respuestas indígenas a la pandemia de Covid, adquieren un profundo significado.  En la medida en que estos pueblos puedan resguardar la integridad y calidad ecológica de sus territorios, su manejo de la organización comunitaria y sus tradiciones curativas, lo estarán haciendo en nombre y para el beneficio de toda la humanidad, que cada vez está más necesitada de esos conocimientos.  

1) Acciones para ralentizar el daño a la Tierra y sus seres.

Como en  la mayoría de los pueblos indígenas americanos, la defensa del territorio y de la Madre Tierra está entretejida en la vida y prácticas de estas comunidades. Además del trabajo espiritual que están haciendo para realinearse con las enseñanzas originales y hacer las paces con su entorno, también están involucrados en el activismo comunitario y en la realidad de sus naciones, como atestiguan el protagonismo de los Misak en la Minga Indígena y el Paro Nacional de Colombia, el exitoso proceso de recuperación de tierras obtenida por los Kamëntšá, y la constante comunicación audiovisual comunitaria realizada por los Arhuaco, lo cual hemos recogido en nuestro trabajo en ese país.

Para los Misak, el descontento de la comunidad ante las crisis políticas y sociales recurrentes, también les ha llevado a expresar sus reclamos ancestrales en acciones emblemáticas como derribar el monumento al conquistador Sebastián de Belalcázar en Popayán, capital del departamento del Cauca; unirse a la masiva Minga Indígena y al Paro Nacional de octubre del 2020; y al derribo en la capital del país de la estatua de otro adelantado español, (Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de la ciudad), en el marco de las protestas contra la reforma tributaria y de salud del anterior presidente colombiano, Iván Duque.

La dimensión física tiene su contraparte espiritual, y la ignoramos bajo nuestro propio riesgo, y el de la vida misma.

Entre la lista de demandas de la Minga Indígena estaba detener la destrucción de los bosques, el agua y sus páramos de las tierras altas, que albergan una gran cantidad de plantas medicinales que se han utilizado para prevenir y tratar enfermedades desde tiempos inmemoriales. Según Mama Adriana, allí, como en todos los lugares salvajes, residen no solo las plantas y los animales que son tan esenciales para la red de la vida; también están los espíritus o energías fundamentales de la naturaleza, el kausrø o køtra musikmera, que deben ser reconocidos y cuidados. La dimensión física tiene su contraparte espiritual, y la ignoramos bajo nuestro propio riesgo, y el de la vida misma.

 Los Kamëntšá, por su parte, han obtenido en los últimos años el reconocimiento territorial de 84.000 hectáreas divididas en seis resguardos indígenas, o reservas, que ahora pertenecen oficialmente a los Kamëntšá y los pueblos vecinos Inga. Taita Angel Pasuy, un líder Kamëntšá y planificador territorial del uso de la tierra, está ayudando a liderar un proceso de mapeo de su territorio y administrarlo de acuerdo con la cosmovisión de su gente. Para Pasuy, este trabajo es fundamental para prevenir futuras pandemias, desórdenes climáticos y otras crisis que afecten a su pueblo y al mundo, y es una tarea sagrada, que abarca no sólo la dimensión física sino también la espiritual. 

El territorio alberga toda una red de simbologías y significados que giran en torno a los sitios sagrados, los lugares que los antepasados ​​identificaron como fundamentales para la vida, los cuales deben ser delimitados y recibir una protección especial. Estos puntos en el suelo marcan manantiales y el inicio de la red hidrológica que es la fuente de los grandes ríos que alimentan la cuenca del Amazonas. Sitios que dan vida a una diversidad única de plantas nativas; verdaderas farmacias al aire libre que pueden ayudar a toda la comunidad, y al mundo entero, a combatir calamidades como el Covid-19.

 “Para la cultura occidental, el territorio se entiende como algo exclusivamente físico — un cúmulo de objetos a los cuales se les saca provecho en la lógica extractivista del capitalismo. En cambio, para nuestros mayores, el territorio es una unidad, es integral; una casa donde se recrea el ciclo natural y vital de eso tan importante que es la vida”.

Pero los desafíos que enfrenta su pueblo son abrumadores, porque el reconocimiento gubernamental de sus territorios no garantiza la protección. Los proyectos mineros, las represas hidroeléctricas y las masivas operaciones agroindustriales continúan amenazando el área, con una carretera multimodal que abre aún más la región a los acuerdos comerciales internacionales. Taita Ángel y otros dirigentes están actualmente sentando las bases para las próximas batallas legales de su pueblo.

2) Análisis y transformación de los fundamentos de nuestra vida en común

Los medios de comunicación, el acceso a Internet y los productos comerciales baratos han socavado la integridad de las culturas locales


El análisis de estas comunidades es muy profundo en cuanto a los fundamentos de nuestra vida en común. La comunidad es el foco central, no el individuo, y el respeto y cuidado de la tierra un componente esencial de ella. Esos cimientos se han visto erosionados progresivamente con el constante avance de la industrialización y la cultura del consumo, de las que las comunidades indígenas están lejos de ser inmunes. Los medios de comunicación, el acceso a Internet y los productos comerciales baratos han socavado la integridad de las culturas locales, empujando a las comunidades al mismo estilo de agricultura de monocultivo que se extiende por todo el planeta.

De alguna manera, la pandemia ralentizó e incluso llegó a revertir este proceso, desafiando a las comunidades a volver a confiar en sus propias prácticas tradicionales. Los Kamëntšá del Putumayo, como los Misak, los Arhuaco y muchos otros, cerraron el acceso de los extranjeros a sus espacios. La agricultura tradicional volvió a florecer y las economías locales recibieron un importante impulso ante la crisis. Más relevante aún, la medicina tradicional ha experimentado un fuerte resurgimiento. En parte, eso se debe a la falta de disponibilidad de alternativas alopáticas, pero también a su probada eficacia en epidemias anteriores que datan de la época de la conquista española. 

…decenas de médicos tradicionales Kamëntšá unieron sus fuerzas para encontrar las mejores hierbas para el tratamiento del Covid

A principios de la pandemia, decenas de médicos tradicionales Kamëntšá unieron sus fuerzas para encontrar las mejores hierbas para el tratamiento del Covid. Sanadores, ancianos y líderes se juntaron en ceremonias para reflexionar sobre cómo proteger a su comunidad de esa nueva amenaza, recurriendo a su sagrado “remedio”, el yagé o ayahuasca, una mezcla enteógena de plantas endémicas que utilizan como una conexión directa con la sabiduría ancestral de la tierra y del mundo espiritual. Los curanderos visualizaron juntos  las plantas que debían usarse y pudieron revivir algunas medicinas ancestrales que ya habían sido utilizadas en epidemias anteriores.

Según recuerda Pasuy, “Tuvimos la oportunidad de volver a nuestra medicina tradicional, y poder documentar y rescatar plantas medicinales que se habían olvidado.” Esas plantas fueron un aspecto fundamental de la respuesta de su comunidad, permitiendo que los médicos tradicionales ayuden tanto a prevenir y tratar de forma efectiva algo tan desconocido como el Covid-19. “Me parece muy interesante que los cuerpos tratados con plantas medicinales, nos consta, hayan respondido mejor que con los tratamientos de la medicina occidental.”

Otro cambio importante ha sido el afianzamiento del jajañ, el huerto tradicional cultivado por los Kamëntšá según su filosofía ancestral.  La escasez de alimentos en toda la región hizo que la gente volviera a sus huertos y a una forma de vida más conectada con su entorno. Como la milpa de Mesoamérica y la chacra de las regiones andinas, los pilares del sembrado son las Tres Hermanas — el maíz, el frijol y la calabaza — pero el intrincado policultivo que ha evolucionado a lo largo de los milenios incluye muchas otras verduras, frutas e incluso medicinas. Un espacio donde la diversidad y la interrelación de especies vegetales son las claves.

3) Un cambio fundamental en la cosmovisión y los valores.

Los Mamos, guías espirituales de los pueblos Arhuaco y Kogi de la región de la Sierra Nevada de Santa Marta en el Caribe colombiano, han estado tratando durante décadas de ayudar a los Hermanos Menores (como ellos llaman a la sociedad no indígena) a reconectar su visión del mundo y sus valores a la fuente de la vida, para comprender que la naturaleza inconsciente y destructiva de nuestra sociedad industrial orientada al consumo, es fundamentalmente incorrecta y nos está conduciendo a terribles e irreversibles consecuencias. Los Mamos dicen que el Covid-19 es solo la primera de cuatro “grandes enfermedades”, desatada como un “campanazo” para despertar a la humanidad del mal sueño de la civilización moderna. Han estado trabajando junto con cineastas desde la película de la BBC de 1990 “Desde el Corazón del Mundo: El Mensaje de los Hermanos Mayores,” para difundir esta enseñanza. Desde entonces, los Arhuaco han formado su propio colectivo audiovisual con producciones de alta calidad.

Mamo Adolfo Chaparro remonta el origen de la enfermedad al comienzo de los tiempos, cuando a los humanos se les dio la Ley de Origen a seguir. “Por dejar de cuidar a la Madre Tierra nos estamos convirtiendo en alimento de la enfermedad, y de igual manera está ocurriendo con el Hermanito Menor”, explica el Mamo.

Pero esta es solo una de las crisis que los Hermanos Mayores han estado prediciendo durante décadas. Han observado con creciente angustia cómo sus nieves se han derretido, sus ríos se han encogido y sus lluvias han disminuido, y con ellos, las cosechas que alimentan a su gente.

Para el cineasta arhuaco Amado Villafaña, la pandemia ha servido para subrayar las falacias en las formas occidentales de ver el mundo. El énfasis de la sociedad moderna en la ciencia occidental ha eclipsado la naturaleza espiritual esencial de la humanidad, dice Villafaña, así como una realidad central que es obvia para los Arhuaco: la interconexión de todas las formas de vida.

“El Hermano Menor siempre hace separaciones”, dice Villafaña. “Pero últimamente la física cuántica está empezando a reconocer que todo está en todo lo demás, y nada está separado. Y (reconoce) las formas en que una cosa afecta a otra. Y cuando eso se rompe, hay consecuencias. Entonces yo creo que la física cuántica ya comienza a acercarse al conocimiento de los Mamos”.

A medida que las comunidades originarias realizan el importante trabajo de reconectarse con los valores y las enseñanzas de los mayores, e incorporan esas prácticas más profundamente en sus vidas, están fortaleciendo los cimientos de un cambio cultural que podemos aprovechar en Occidente mientras nuestros modelos colapsan.

Los 500 años de resistencia cultural y territorial de estos pueblos, el hecho mismo de su supervivencia, es un primer paso. Las formas en que se han estado acercando a nuestra sociedad, advirtiéndonos de la necesidad de cambiar nuestras costumbres o sufrir las consecuencias, constituyen un poderoso llamado para tal cambio y brindan referencias prácticas para la medicina, la agricultura y la organización comunitaria que puede informar e inspirar a los modelos alternativos que están surgiendo en el mundo occidental. 

Las cosmovisiones indígenas que todavía están vivas, ahora reivindicadas y fortalecidas ante a la reciente pandemia, representan una vasta biblioteca de conocimientos conectados a la “Ley de Origen”. Son una parte crítica de este cambio fundamental, si nosotros, los Hermanos Menores, podemos prestar atención y despertarnos a tiempo para trabajar de la mano con nuestros hermanos originarios. Para de una vez alinearnos con la esencia y las prácticas de un verdadero buen vivir.


Una versión extendida de este artículo es parte de la próxima segunda edición de la primera Antología en español que explora las aplicaciones de la Obra que reconecta en América Latina, El Gran Giro: Despertando al florecer de la Tierra. ¡Disponible pronto! (para más información: https://eltrabajoquereconecta.org/libros/).

La serie Cosmology & Pandemic es un proyecto de El Proyecto Esperanza, The Pulitzer Center on Crisis Reporting y The One Foundation. Se puede seguir desde las páginas de The Esperanza Project o en https://cosmopandemic.esperanzaproject.com/?lang=sp

COLECCIÓN DE FOTOS AQUÍ: https://drive.google.com/drive/folders/14w0NPiGYdQ_rdQba54ecS71isnePrDiW?usp=sharing   Título e información de crédito disponible a pedido.


Cosmology and pandemic: What we can learn from the responses of indigenous peoples to the current civilizational crisis

by Tracy L. Barnett and Hernan Vilchez

Recorded by Erin Braeckman

 When “Mama” Adriana Velasco, a young traditional doctor from the Misak indigenous community of the Colombian Andes, imagined the Covid-19 virus in her dreams, she saw a sad but terrifying being. Sometimes he was an old man, tired and anxious, his face covered with pus-filled cysts. Sometimes he was angry; he’d had enough of humans disrespecting life. The virus is Nature defending itself, she saw, and had come to restore balance to the planet.

If you are not interested in life, well, Covid is not interested in humanity, either.

“I have felt and seen him more than anything as a spiritual being that has accumulated all that negativity that human beings have been throwing around, like the way people are always throwing trash into the river,” says Mama Adriana, as she is known in her community. “He is offended, he is angry in defense of spirituality and collective consciousness, but he also wants to convey this idea to us: If you are not interested in life, well, Covid is not interested in humanity, either.”

Mama Adriana’s perspective of the pandemic as a response to human mistreatment of the environment is widely shared among Indigenous peoples of Latin America. For the Arhuacos of Colombia’s Sierra Nevada, it is a wake-up call for our modern society, and it will be the first of four pandemics, if we do not change course quickly and dramatically. For the Kamëntšá of the Putumayo region in the headwaters of the Amazon, Mother Earth herself has become sick from so much destruction.

While some may find Indigenous interpretations of events fanciful or exaggerated, the study of zoonotic diseases (transmitted from animals to people, such as Covid-19, ebola, swine flu, and more recently, monkeypox) indicates that they are right: The increase in this type of infections has everything to do with the way humanity treats nature.

We have learned something about this during nearly two years of research for the transmedia series “Cosmology & Pandemic: What We Can Learn from Indigenous Peoples’ Response to the Ongoing Civilizational Crisis.” In the absence of significant government intervention or support, the continent’s indigenous peoples have confronted the Covid-19 pandemic with ingenuity, creativity and deep spiritual awareness. They have responded with a spectrum of approaches as varied as the cultural diversity of the peoples themselves.

Despite the hardship and loss of life that original communities have experienced, all of the stories we have gathered reveal that something positive has emerged from the pandemic, at least in the communities that we have worked with in six South American countries. Many have seen a revival of traditional knowledge and ways of life in various aspects. Mainly, it has inspired a return to traditional medicine, which has saved lives, reduced untold suffering, prevented hospitals from collapsing, and bolstered greater trust in the ways and traditions of the ancestors. At the same time, it has inspired a return to traditional agriculture and a greater reliance on local economies.

Viewed from the perspective of the three dimensions of the Great Turning, Indigenous responses to the Covid pandemic take on profound meaning.

Viewed from the perspective of the three dimensions of the Great Turning, Indigenous responses to the Covid pandemic take on profound meaning.  And to the extent that Indigenous peoples are able to preserve their ecologically intact territories, as well as their deep understanding of life systems and their healing traditions, they will be doing so on behalf of and for the benefit of all the peoples of the Earth, who are increasingly in need of that knowledge. 

1) Actions to slow down the damage to Earth and its beings.

The defense of the territory and of Mother Earth is interwoven into the life and practices of these three communities, as it is for Indigenous peoples throughout the planet. In addition to their spiritual work to realign themselves with the original teachings and make peace with their surroundings, they are also involved in activism at the regional, national and international levels, as witnessed by the role of the Misak in the National Strike in Colombia, the successful land recovery process obtained by the Kamëntšá, and the extensive audiovisual communication carried out by the Arhuacos, some of which we gathered during our work in that country.

The physical dimension has its spiritual counterpart, and we ignore it at our peril, and that of life itself.

For the Misak, the community’s discontent in the face of recurrent political and social crises has led them to express their ancestral demands by joining the massive Minga Indígena (a collective of Indigenous peoples) and the National Strike against the tax and health reform of former neoliberal President Iván Duque. Among the list of demands of the Minga is to stop the destruction of the forests, the water and the páramos. These biodiversity-rich highland ecosystems are sacred to the Misak and other Indigenous peoples, and are home to many medicinal plants that have been used to prevent and treat diseases since time immemorial. According to Mama Adriana, there, as in all wild places, reside not only the plants and animals that are so essential to the web of life; there are also the spirits or fundamental energies of nature, the kausrø or køtra musikmera, which must be recognized and cared for. The physical dimension has its spiritual counterpart, and we ignore it at our peril, and that of life itself.

The Kamëntšá, for their part, have long fought for and in recent years obtained territorial recognition of 84,000 hectares divided into six indigenous reserves, which now officially belong to the Kamëntšá and neighboring Inga peoples. Taita Angel Pasuy, a Kamëntšá leader and territorial land use planner, is helping to lead a process of mapping his territory and managing it according to his people’s worldview. This work, for Pasuy, is essential to prevent future pandemics, climatic disorders and other crises that affect his people and the world.

For Pasuy, land-use planning is sacred work, which encompasses not only the physical dimension but also the spiritual one. The territory houses a whole network of symbology and meaning that revolves around the sacred sites identified by the ancestors as fundamental to life, which must be delimited and receive special protection. These points mark springs and the beginning of the hydrological network that is the source of the great rivers that feed the Amazon basin. They are places that give life to a unique diversity of native plants — true outdoor pharmacies that can help the whole community, in fact the whole world, to combat calamities like Covid-19.

“…the territory is a unity, it is integral; it’s a house where the natural and vital cycle of something so important as life itself comes into being and is recreated.”

“For Western culture, territory is understood as something exclusively physical — a cluster of objects that are exploited in the extractivist logic of capitalism. On the other hand, for our elders, the territory is a unity, it is integral; it’s a house where the natural and vital cycle of something so important as life itself comes into being and is recreated.”

But the challenges facing his people are daunting; government recognition of their territories does not guarantee protection. Mining projects, hydroelectric dams, and massive agribusiness operations continue to threaten the area, with a multimodal highway further opening the region to international trade agreements. Taita Ángel and other leaders are currently laying the groundwork for the Kamëntšás’ upcoming legal battles.

2) Analysis of structural causes and the creation of structural alternatives

Mass media, Internet access, and cheap commercial products have undermined the integrity of local cultures

The analysis of the three indigenous groups is profound in this regard. The community is the central focus, not the individual, and respect and care for the land is an essential component of it. Those foundations have been progressively eroded by the constant drumbeat of industrialization and an individualist consumer culture, from which Indigenous communities are far from immune. Mass media, Internet access, and cheap commercial products have undermined the integrity of local cultures, pushing communities into the same style of monoculture farming and consumerist lifestyle that has spread across the planet.

In some ways, the pandemic slowed down and even reversed this process, challenging communities to trust their own traditional practices again. The Kamëntšá of Putumayo, like the Misak, the Arhuacos and many others, closed outsiders’ access to their reserves. Traditional agriculture flourished once again and local economies received a significant boost in the face of the crisis. Even more, traditional medicine has experienced a strong resurgence. In part, that’s been due to the unavailability of allopathic alternatives, but it’s also because of their proven efficacy in previous epidemics dating back to the time of the Spanish conquest.

…traditional Kamëntšá doctors joined forces to find the best herbs for the treatment of Covid.

At the beginning of the pandemic, dozens of traditional Kamëntšá doctors joined forces to find the best herbs for the treatment of Covid. Healers, elders and leaders gathered in ceremonies to reflect on how to protect their community from this new threat, resorting to their sacred “remedy”, yagé or ayahuasca, an entheogenic mixture of endemic plants that they use as a direct connection with the ancestral wisdom of the Earth and the spiritual world. The healers visualized together the plants that they would need to use for this illness, and they were able to revive some ancestral medicines that had already been used in previous epidemics. And patients responded better to the traditional medicines than they did to the pharmaceutical ones, according to Pasuy.

Another important change has been a return to the jajañ, the traditional garden cultivated by the Kamëntšá according to their ancestral philosophy. Food shortages throughout the region drove people back to their gardens and to a way of life more connected to their surroundings. Like the milpa of Mesoamerica and the chagra of the Andean regions, the pillars of the crop are the Three Sisters — corn, beans, and squash — but the intricate polyculture that has evolved over the millennia includes many other vegetables, fruits, and even medicines in a space where diversity and the interrelation of plant species are the keys.

3) A shift in consciousness.

The Mamos, spiritual teachers of the Arhuaco and Kogi peoples, have been trying for decades to help the “Younger Brothers” (non-indigenous society) to reconnect our worldview and values ​​to the source of life, to understand that the unconscious and destructive nature of our consumer-oriented industrial society is fundamentally wrong and is leading us to terrible and irreversible consequences. The Mamos say that Covid-19 is just the first of four pandemics, unleashed like a “bell” to wake humanity from the bad dream of modern civilization. They have been working together with filmmakers since the 1990 BBC film “Heart of the World: The Message of the Elder Brothers” to spread this message. Since then, the Arhuaco have formed their own audiovisual collective, creating an extensive series of high-quality productions.

“By failing to care for Mother Earth we are becoming food for the disease”

Mamo Adolfo Chaparro traces the origin of the disease to the beginning of time, when humans were given the Law of Origin to follow. “By failing to care for Mother Earth we are becoming food for the disease,” said Chaparro.

But this is just one of the crises the Mamos have been predicting for decades. They have watched with growing anguish as their snows have melted, their rivers have dried up and their rains have diminished, and with them the crops that feed their people.

For Arhuaco filmmaker Amado Villafaña, the pandemic has served to highlight the fallacies in Western ways of seeing the world. Modern society’s emphasis on Western science has overshadowed the essential spiritual nature of humanity, says Villafaña, as well as a central reality that is obvious to the Arhuaco: the interconnectedness of all forms of life.

“The Younger Brother always makes separations,” Villafaña said. “But lately quantum physics is beginning to recognize that everything is in everything else, and nothing is separate. So I think that quantum physics is finally beginning to approach the knowledge of the Mamos.”

As Aboriginal communities do the important work of realigning themselves with the values ​​and teachings of the elders, and embedding those practices more deeply into their lives, they are laying the foundations for a cultural change that we can harness in the West, as our models collapse. 

The 500 years of cultural and territorial resistance of these peoples, the very fact of their survival, is a first step. The ways they have been reaching out to our society, warning us of the urgent need to change our ways, constitute a powerful call for such change and provide practical references for medicine, agriculture, and community organizing that can inform and inspire the alternative models that are emerging in the Western world. 

The indigenous worldviews that are still alive…represent a vast library of knowledge connected to the Law of Origin.

The indigenous worldviews that are still alive, now reclaimed and strengthened in the face of the current pandemic, represent a vast library of knowledge connected to the Law of Origin. They are a critical part of this fundamental change – but only if we in the dominant society can pay attention and wake up in time to work hand in hand with our original relatives. To reconnect with the essence and practices of a true “buen vivir,” in the words of the Andean people: a good life, on all the levels.


An extended version of this article is part of the upcoming second edition of the first Anthology in Spanish that explores the applications of the Work That Reconnects in Latin America, El Gran Giro: Despertando al florecer de la Tierra. Available soon! (for more information: https://eltrabajoquereconecta.org/libros/).

The Cosmology & Pandemic series is a project of The Esperanza Project, The Pulitzer Center on Crisis Reporting and The One Foundation. It can be followed from the pages of The Esperanza Project or at https://cosmopandemic.esperanzaproject.com/?lang=en

PHOTO COLLECTION HERE: https://drive.google.com/drive/folders/14w0NPiGYdQ_rdQba54ecS71isnePrDiW?usp=sharing     Caption and credit info available upon request.


Hernán Vilchez studied cinematography in Buenos Aires, Argentina, and San Antonio de los Baños, Cuba. After living 10 years between Barcelona, Munich and Prague, he returned to Buenos Aires in 2011, where he is now based. Specialized in urban cultures and indigenous peoples around the world (Europe, Africa, India, Australia, Indonesia, Latin America), he has produced the international content of the successful programs “The strictest parents in the world” (Sat1, Germany), “Changing jobs” (SRF, Switzerland), and directed for the international series “Mi Religión” (History Channel, Sky Arte Italia) and others. In May 2014 he premiered his first documentary feature film “Huicholes: The Last Peyote Guardians,” awarded at 13 international festivals. He then produced and directed the pilot episodes of the documentary series “Guardians: Stories of Resistance”, and now works on the transmedia series “Cosmology & Pandemic.”

Tracy L. Barnett is an independent writer, editor and photographer specializing in environmental themes and Indigenous cultures. She is the founding editor of The Esperanza Project/El Proyecto Esperanza, a bilingual magazine that highlights solutions journalism and the voices of frontline advocates and environmental innovators across the continent. Her freelance work has been featured in publications ranging from the Washington Post and Yes! Magazine to Mongabay, Earth Island Journal, and Esquire Latin America. Before moving to Mexico in 2010, she served as travel editor for the Houston Chronicle and the San Antonio Express-News, where she won numerous awards. She is currently coordinating, together with Hernán Vilchez, the transmedia project, Cosmovision and Pandemic: What we can learn from indigenous responses to the current health crisis, published in Mongabay, Esperanza Project and others.

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